Betzy Lagos, la chica chontaleña de las mil voces

Betzy Lagos Borge tiene 20 años y ya es un personaje viral en Nicaragua. Primero, por los videos de imitaciones con miles de reproducciones que la convirtieron en “la chica de las mil voces” y recientemente, por una foto suya que acompañó con su historia personal. Ella prefiere ser conocida por esto último.

“Tengo bastantes seguidores por el boom de la chica de las mil voces, pero he decidido publicar cosas que a la gente le lleguen de manera positiva o les ayude en su día para tratar de cambiar esto de que en las redes ahora todo es viral, negativo, vulgar o destruir a alguien, denigrar su dignidad”, dice.

Dicho cambio empezó con una fotografía. En ella se ve a Betzy junto a otros dos jóvenes posando sonrientes con un escenario de fondo. Los tres visten la camisa amarilla con detalles rojos de una popular franquicia de pollo y están en la zona del público, en ese momento vacía.

Estudiar, trabajar, ahorrar


Nacida en Chontales, Betzy pasó su infancia en una finca, pero desde hace 11 años vive en Ciudad Sandino con su madre y sus dos hermanos. Cuando era niña, gracias al trabajo de su mamá, que era una próspera comerciante, la familia vivía cómodamente, pero “por circunstancias y mala administración” el negocio quebró.

Betzy Lagos y sus mil voces

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Llegamos a un punto en que lo único que teníamos para comer eran espaguetis, pero eso te hace no creerte la gran cosa por tener dinero porque el dinero así como viene se va. Yo no me alegro de lo que nos pasó, pero sí me hizo ser una persona más madura y con una visión más positiva”, cuenta.

Esa visión se volvería indispensable cuando empezaba el segundo año de la carrera de Turismo Sostenible en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN).

“(Mis papás) me dijeron que ya no tenían con qué (ayudarme) y que tenía que dejar de estudiar. Yo me quedé en shock, pasé semanas llorando, pero me las ingeniaba para ir a la universidad, me llevaba solo diez, veinte pesos, para los pasajes nada más”, recuerda la joven.

A partir de ese momento su interés por ser independiente y comprar con su dinero “desde el desodorante hasta los zapatos”, dejó de ser un mero deseo para convertirse en una obligación. Ahora debía encargarse de sus gastos y usó cada día libre para trabajar “en cualquier lado”.

“En la universidad nos dan tres meses de vacaciones a final de año y un mes entre semestre, entonces esos cuatro meses yo los trabajaba, buscaba en cualquier lado y ese dinero lo ahorraba y de ahí sacaba. De lo que ganaba compraba (prendas de) acero, ropita, con una amiga me uní y vendíamos ropa porque teníamos la misma situación, no soy la única chavala en Nicaragua que ha pasado por esto, a la mayoría de los muchachos les pasa”, asegura.

En su necesidad Betzy empezó a ver oportunidades: de un árbol de nancite que hay en el patio de su casa sacó los helados que luego vendía en la universidad. Del hambre que ella y sus compañeros pasaban cuando recibían clases, surgió un negocio.

“Yo decía: a nosotros nos da hambre, en ese bar es caro y somos pobres… Voy a traer algo más barato”. Llevaba tacos y enchiladas para vender. “Ya me preguntaban qué llevaba, me compraban y como soy bien hablantina, jamás me llevaba algo de regreso a la casa”, dice orgullosa.

La foto viral


La fotografía de los tres jóvenes con el uniforme de la cadena de pollos ha sido compartida en Facebook más de 600 veces.



“Un amigo me dijo que en esta cadena buscaban chavalos para ir a vender a los conciertos. Le pedíamos permiso al profesor para salir antes de clase porque teníamos que estar a las cuatro en el restaurante esperando con nuestras mochilas. Me acuerdo un concierto, creo que de Enrique Iglesias que cayó la clase lluvia y después estábamos con los pollos remojados y hacíamos chistes entre nosotros mismos ¡mirá parecés pollo remojado! Ya después nos las ingeniábamos porque también ganábamos en dependencia de los combos vendidos, entonces es lo que te dan de la noche y por cada combo que vendás son dos pesos así que tenías que jugártela y hacer marketing”, cuenta.

Su historia con los pollos no terminó ahí. Después fue contratada por esta misma franquicia para trabajar en el área de limpieza en un local de Rubenia.

“Me dije que no me tenía que dar pena, que era un trabajo digno y que lo estaba haciendo porque quería seguir estudiando y ese dinerito me iba a ayudar”, reconoce.

La chica de las mil voces


El video, publicado en Facebook el 14 de mayo de 2017, dura siete minutos, tiene casi 333,000 reproducciones, ha sido compartido más de 4,200 veces, generado más de 1,300 comentarios y su encabezado es “cuando se me mete la loquera y no tengo nada que hacer”. En él se sale Betzy Lagos Borge en su cuarto, frente a una computadora, sacando a relucir sus dotes de actuación, imitación y comedia.



“Ese domingo estaba aburrida, me puse a grabar, lo subí, le dije a mis amigos que lo compartieran. Cuando lo puse público, no había pasado una hora y yo estaba impactada porque tenía 5 mil reproducciones, dieron las 12 de la noche y seguía respondiendo mensajes, tenía como 14 mil reproducciones a esa hora, ya no hallaba qué hacer, pero me tenía que dormir. Cuando me levanté tenía 25 mil reproducciones”, dice.

También llegaron las ofertas de trabajo, pero no compaginaban con su prioridad número uno: “debía dejar la universidad y así no tenía chiste, me dije que algo iba a salir más adelante”.

De esta faceta Betzy habla con alegría, pero a la vez con mesura. Tiene su canal de YouTube con siete videos y casi 500 seguidores, pero no contempla ser youtuber.

“Los youtubers de aquí ganan poco, además tendría que darle tiempo y no puedo, no voy a vivir de eso toda la vida”, explica.

En sus redes interactúa con más de 18 mil seguidores, pero a esta joven morena y sonriente no le interesa la fama. “La fama no me va a dar de comer. Sí podría influir en algo porque puedo ser promotora de ventas o dar publicidad que en ocasiones lo he hecho, pero no me desvivo por ser famosa. El día que ya no tenga seguidores o la gente deje de darle like a mis fotos, no me voy a poner a llorar, ni nada por el estilo”, admite.

“La pobreza está en la mente”


Betzy ha hablado media hora casi sin parar. Ha saltado de tema en tema y reflexiona: “la gente que vive esperando que le den las cosas en la mano es la que no sabe cuánto cuesta la vida, que no se preocupa por el pasaje para ir a la universidad o lo que va a comer hoy, pero también hay gente que ha sufrido y se queda con una mente pobre, porque la pobreza está en la mente, cuando uno piensa que como nació pobre, va a morir pobre”.

Ella quiere poner una tienda de ropa online “porque tengo seguidores, hay público, entonces puedo aprovechar esto”, reconoce.

Ahora sus energías están centradas en finalizar su tesis para graduarse de la carrera en la que ha sido estudiante destacada y escogida por sus profesores para participar en actividades como un intercambio en Costa Rica y congresos latinoamericanos de Turismo Sostenible.

Luego se plantea trabajar en el proyecto de su tesis: el desarrollo de una finca en Jinotega, pero si esto no resulta, ya tiene en mente un programa que combine sus dos pasiones: Turismo y Comunicación.

Se ríe, tuerce el gesto y suspira. “Si uno se estanca, que sea para acomodarse, para descansar, para reflexionar en lo que estás haciendo bien o mal, pero después uno tiene que seguir, siempre seguir adelante”.

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