La Gigantona también forma parte de nuestra cultura

La Coqueta espera volver a las calles del barrio Ermita de Dolores, en León, después de décadas en una bodega. El profesor Wilfredo Arosteguí le pinta los labios y arregla su rostro mientras cuenta su historia.

La última vez que la Coqueta fue vista acompañada del Enano Cabezón y conducida por unos faroles de candil, fue en 1945. Pero a partir del 8 de diciembre de 2017 volverá a su barrio y bailará al ritmo de los “sones de camino”.

Junto a otras cuatro, forma parte de las gigantonas más antiguas del país, con unos 100 años de antigüedad. Arosteguí solo desea que el brillo de La Coqueta vuelva a las calles de León y, sobre todo, que esté de vuelta en su barrio.

La familia Pérez Arosteguí vive en Sutiaba, un sector histórico de la ciudad de León que en el pasado fue un pueblo aborigen. El profesor trabaja con ahínco en estos días debido a que la Coqueta tiene que estar para el concurso anual de gigantonas, realizado en León.

“Más que ganar el concurso, lo que queremos es devolverle su gigantona a la Ermita”, recalca Wilfredo.

Todo en la Coqueta es tradicional. Está hecha de lata, como en el pasado, y no de madera. Dentro de ella lleva una espacio para una vela, pues en las noches de 1945, sus ojos y sus labios brillaban mientras los faroles, también con candiles en su interior, alumbraban su camino.

La Gigantona

La Gigantona
La Gigantona
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Wilfredo Arosteguí trabaja con rigurosidad histórica y comenta que para fabricar el cuerpo de esta gigantona, consultó revistas y artículos de la época. También es un fuerte crítico de cómo ha cambiado la tradición por algunos “gigantoneros” jóvenes que utilizan electricidad y otros materiales no tan representativos.

El profesor Arosteguí se ha dado a la tarea de investigar todo sobre esta manifestación cultural. Aprovecha sus conocimientos para enseñarles la historia a los niños que llegan todos los días a su casa y alquilan una por cuatro horas, a 100 córdobas. “Las ganancias van destinadas a las mismas gigantonas, a su cuido”, comenta Arosteguí.

Las investigaciones realizadas por él, arrojan que desde mediados del siglo XIX existen registro de gigantonas recorriendo las calles de León, pero posiblemente puedan estar desde antes.

Cuando el sol baja y son las 05:00 de la tarde, los niños de Sutiaba llegan a la casa del profesor y en la sala comienzan a seleccionar la gigantona que bailarán esta noche. Se reparten los roles y a mitad de camino se rotan para que la gigantona sea bailada por todos. Empiezan los redobles, cae la noche y la gente se sienta en las aceras de sus casas a esperarlas.

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