Jícaro, el árbol de nuestras abuelas

El jícaro, el mítico árbol mesoamericano, es muy común en toda la patria azul y blanco. Algunas personas aún lo conservan en sus patios porque sus semillas y sus “jícaras” siguen siendo tan importantes como lo fueron para nuestros ancestros en tiempos precolombinos.

De sus redondos frutos sacamos las semillitas, luego es necesario ponerlas al sol para secarlas, una vez secas estan listas para preparar ese rico fresco con leche de vaca llamado “semilla de jícaro”, y la horchata, bebidas muy representativas de nuestra cultura.

Las semillas son extraídas cuando el fruto está madurando, o sea, cuando tiene un tono café. Dependiendo de la bebida, se mezclan con cacao o arroz, acompañado de especias. Cuando todo está molido, se combina preferiblemente con leche y se toma frío.

USADO COMO BEBIDA O INCLUSO PARA RECIPIENTE

Estas bebidas todavía son populares en los mercados o parques del país y es que no existe un ser humano que se pueda resistir a un vaso de horchata bien helado con unos cubitos de hielo bajo este sol radiante de marzo.

Pero su semilla no sólo se ocupa para preparar fresco, de sus “jícaras”, o “jácaras huecas”, como se conocen sus frutos, también se hacen recipientes para bebidas, o cucharas.

Nuestras abuelas hacian verdaderas obras de arte de este fruto, en sus tardes libres mientras se desprendian de la aguja o los quehaceres del hogar estos a base de jícaro son recipientes que se utilizan para beber pinol, pinolillo, chicha, o el mismo refresco de semilla de jícaro. También se pueden usar para degustar atol, atolillo o tibio, y si la fruta hueca es cortada en piezas pequeñas, estas sirven de cuchara.

Como hay muchos tipos de jícaros, la forma de los frutos también es variada. Desde pequeños y grandes, a muy redondos o alargados, estos últimos, usados frecuentemente como vasos para beber pozol o tiste.

La pulpa de sus frutos también contiene un alto índice de proteínas, algunas personas acostumbran a comerla, pero también es utilizada para agregarle un poco más de vitaminas al concentrado vacuno, o para el mismo fresco de semilla de jícaro. El árbol de jícaro crece por toda Mesoamérica, por ello, forma parte fundamental en el relato de los orígenes del pueblo Maya-Quiché, o Popol Vuh.

 

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