Lavar a mano, una costumbre con arraigo maternal

La lavandería fue y es todavía un medio para subsistir en muchos pueblos de Nicaragua, sin duda alguna las prendas de vestir lucen mejor cuando se lavan a mano, entre aguas cristalinas, complementadas con un buen jabón y como decían nuestras abuelas, “una ropa sin sol no queda bien lavada”.

El lavado ajeno como se le conoce, fue un eje protagonico para sacar adelante a muchos que hoy son profesionales, las madres con un bajo nivel académico no podían ostentar un buen empleo, entonces llegaba la oportunidad de fajarse con una buena tina de ropa, jabón y buena agua siempre a orillas de una buena quebrada o un cristalino y caudaloso río.

El cobro por una docena de prendas de vestir oscilaba entre 7 y 10 córdobas hace unos años hoy se paga entre 50 y 60 córdobas por docena. A pesar del acecho que pueda significar la tecnología con las lavadoras eléctricas, el lavado a mano no pasa de moda en nuestra Nicaragua, es una tradición confiable para tratar bien las prendas de vestir.

Al preguntarle a nuestras abuelas sobre algún método natural para remover las manchas de una prenda, lo primero que nos dirán será, refregar bien a mano, luego poner bajo el sol un buen rato y si le hace falta se sigue el mismo proceso pero esta vez dejarse durante la noche bajo el sereno, esta era la práctica perfecta que nuestras viejitas acostumbraban realizar cuando de enfrentarse a una buena mancha o incluso los pañales de los recién nacidos se trataba.

Y es que nadie se puede resistir al riquísimo aroma que emana la ropa de cama, luego de llevar un proceso de lavado que normalmente se seguía así, mojado, enjabonado, puesta al sol, enjuague y por ultimo puesta al sol para el respectivo secado.

Nuestra costumbre y tradición es única y reconocida a nivel internacional, nuestra forma de lavar, la original forma de preparar nuestros alimentos al sabor de la leña son parte de una tradición que tiene arraigo maternal.

Es común en Nicaragua ver a muchas mujeres lavando en ríos, quebradas o lavaderos públicos mientras una tertulia se encarga del tiempo.

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